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27mm es el nombre del proyecto con el que este joven diseñador menorquín de 31 años ha conseguido reunir dos de sus pasiones: la fotografía y el buceo. El resultado, un universo asombroso retratado delicadamente capaz de mostrarnos cuán inmenso es el mar. Hablar con Enric hablar con un creativo que ve cosas que los terrestres normalmente no vemos, es descender a un lugar en el que apetece escuchar, ver y leer.

1. ¿Nos cuentas cómo fue el camino hasta sumergirte en el mundo de la fotografía acuática?

En realidad no fue un camino, sino dos, que de repente y sin pretenderlo demasiado, se encontraron. Supongo que todo empezó en mi infancia, por haber nacido y crecido en la isla de Menorca, una pequeña roca rodeada de Mar Mediterráneo. El otro camino lo empezaría al dejar la isla e irme a estudiar arte y diseño en Barcelona, donde también me introduje en la fotografía por medio de una asignatura. Varios años más tarde, estos dos caminos se unirían, de una forma bastante natural y casi casual: mi pasión por el mar y las ganas de hacer cosas con las manos.

2. ¿Qué es lo que ves en el mar que tanto te apasiona y que no hay fuera del agua?

Más que ver, es sentir, de forma global. Estar ahí abajo es mucho más que algo puramente visual y estético. Y justo esto es lo que me gusta que transmita mi trabajo. Y sin hablar de fotografía, esa sensación de grandeza que te transmite el mar, es lo que me remueve las tripas. En el renacimiento lo etiquetaron como ‘lo sublime’. Y pocos sitios te transmiten eso ahí a fuera, al menos a mí. Quizá se podría comparar a lo que siente un escalador cuando se da la vuelta y contempla la inmensidad bajo sus pies. No lo sé, no soy muy de montaña… Además estar bajo el agua es un pequeño reto para cualquiera de nosotros. Es un lugar donde no somos bienvenidos. Hace frío, hay presión, no vemos bien, no podemos respirar…

3. Fotografías más personas que paisajes. ¿Qué es lo que quieres retratar exactamente?

Querer, querer, no mucho. Es decir, no ando buscando nada de forma consciente. Mis fotografías son más el resultado de mi experiencia en el agua, de lo que me gusta hacer. Si no tuviera la cámara, igualmente iría al agua casi cada día. Lo que pasa que estas imágenes se quedarían en mi retina y me las guardaría para mí. Pero es cierto que la cámara también tira de mí, me sirve de reclamo y motivación. Somos un pequeño equipo, a veces la odio, a veces la amo. Volviendo a la pregunta, lo que me gusta es capturar la inmensidad del mar y confrontarlo con la figura humana. Por eso me gusta utilizar el cuerpo femenino, porque es más suave y delicado, en contraste con la fuerza del mar y las texturas de sus rocas.

4. Podrías explicarnos qué cámara utilizas y un poco más acerca de cómo consigues el color de tus imágenes?

Desde hace unos cuatro años estoy utilizando el mismo equipo. Básicamente es una cámara réflex normal, como las que se utilizan en seco. En mi caso llevo una Canon 5D MarkII a la que casi siempre acompaño con una óptica 16-35mm. Lo que lo convierte en algo un poco más extraño (para la gente que no es tanto de mar), es la carcasa. Yo gasto una SeaCam. Básicamente, es una caja estanca de aluminio con una cúpula frontal de cristal. Esta carcasa te permite acceder, de forma mecánica, a todos los controles del cuerpo de la cámara. De vez en cuando, me llevo un flash, cuando su peso no es un inconveniente de camino a la playa o cuando no lo tengo roto.

5. Estamos acostumbrados a ver el fondo marino a través de fotografías de tipo documental como las que hace, por ejemplo, National Geographic. ¿Cómo explicarías la diferencia que hay en tu trabajo?

La primera gran diferencia es que las fotos de National son técnicamente perfectas o casi. A mi me importa mucho menos que la foto reúna todos los elementos para la foto técnicamente perfecta. Ante eso, prefiero elegir que la imagen te haga sentir algo a que sea bella. Otra gran diferencia es que la foto documental de las que hablas se ha tirado a enseñar las grades y únicas cosas del mundo. Ponen el foco en exclusivos y remotos puntos del globo. Mi trabajo es algo mucho más cotidiano. Yo soy más fan de trabajos como los de la Agencia Magnum o Cartier Bresson. Me he cruzado con mucha gente cercana al mar que me ha dicho que ver una de mis fotos les provoca compartir o recordar su infancia. La última diferencia es que los de National Geographic son ¡jodidamente buenos!

6. Ahora que en este hemisferio el verano está a punto de acabar, seguro que hay mucha porquería bajo el mar. ¿Crees que tus imágenes –y las de la fotografía subacuática en general– pueden ayudar a concienciarnos acerca de la necesidad de cuidar el medio ambiente?

Yo creo que la clave está en educar a los niños. Los adultos estamos demasiado ocupados con nuestros problemas sociales, nuestros trabajos y nuestros hobbys. Concienciar implica un trabajo mucho más costoso que directamente educar. Echar a los curas de las escuelas e implementar talleres dentro del plan educativo. Algo así como ética, ecología, agricultura, etc., que es claramente lo que nos hace falta a la sociedad.
Mis fotos pueden ser un pequeño grano de arena, pero se necesita mucho más. De mis fotos, sólo espero que trascienda mi admiración y respeto por el mar.

7. Si pudieras encontrar un tesoro escondido entre rocas y corales, ¿cuál sería?

Encontrar un agujero que te llevara a otra parte. Una cosa que me encanta hacer cuando voy en apnea, sin la cámara, es asomarme a los agujeros que veo en las rocas, en aquellos que intuyes que se hunden en la dura roca y que son más anchos que tu cintura. Esto es algo que en la isla de Menorca abunda notablemente. La mayoría de estas pequeñas cuevas sólo te permiten entrar y salir, casi sin espacio para girar sobre ti mismo. Pero de vez en cuando, una vez tus ojos se han acostumbrado a la oscuridad, descubres que ese pequeño agujero que se veía desde el exterior se hunde más y más en la roca y en ocasiones hasta te permite salir otra vez a la oscura superficie del interior de la roca. Descubrir playas, cuevas, estalagmitas y cascadas, que nunca han visto la luz del día. Esto es lo que más emociona encontrar entre las rocas, pequeños pasadizos que siempre te gusta pensar que nunca antes han sido descubiertos por otros ojos.

8. Confiesa: ¿existen las sirenas?

Claro que sí. Pero las hay en cuenta gotas. Es más difícil de lo que parece encontrarse con ellas. Nuestro medio natural está claro que no es el agua. Fuera de ella, a diario, nos cruzamos con mujeres bellísimas, con una buena figura y una forma de andar muy elegante. Pero todas estas cosas, en el agua, no sirven demasiado. El mar es otro mundo, con otras reglas y sólo las sirenas se adaptan a él. Las imitadoras, pierden su maquillaje, vestidos y elegancia, derretidos en el agua, y luego deben enfrentarse a otra realidad. Desde pequeños, nos han enseñado a nadar, que es una constante lucha en superficie, un constante derroche de energía. Pero sólo las sirenas saben sumergirse con la suavidad que el mar te pide.

9. ¿Es posible vivir de esto sin ahogarse?

Yo no vivo de esto, ni mucho menos. Pero elegí hacer lo que me la da gana en mis fotos y para ganarme el pan ya tengo mi trabajo de animador gráfico. Hay otra gente que vive de hacer fotos subacuáticas, pero no siempre hacen lo que les da la gana, no eligen lo que van a hacer ni dónde. Trabajan para clientes y se deben a proyectos. A mi me da miedo tomar ese camino, para que el dinero no haga aborrecer lo que ahora es mi pasión, pero no estoy seguro de si estoy eligiendo bien. Y, por último, hay cuatro elegidos en el mundo, que hacen lo que les da la gana y les pagan por ello. Estos son a los que realmente envidio.

10. ¿Alguna pregunta que no te hayamos hecho y que te gustaría contestar?

Si, claro: ¿qué opinas del trato que los humanos les estamos dando a las especies marinas?
La verdad es que creo que lo estamos haciendo remotamente mal. Fatal. Es el mayor espacio del planeta y el más olvidado. Nos preocupamos demasiado por nuestro bienestar y casi nada de la salud del mar. Este mundo puede vivir sin humanos, somos totalmente prescindibles, pero este mundo no puede vivir sin mar, igual que no puede vivir sin bosques, ni sin la gran mayoría de animales que hacen que todo esté en harmonía. Pero nosotros sobramos totalmente. La desventaja con la que contamos para su protección es que es muy inabarcable y es demasiado fácil esconder contaminación, barcos de pesca ilegal, redes kilométricas, pescas furtivas, etc. Ya hace un tiempo que yo decidí no comer pescado. En mi opinión, uno de los mayores problemas que tiene este plantea, se llama pesca industrial.

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