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No es inspiración divina lo que hace de las ilustraciones de Luci Gutiérrez una mezcla de fina ironía, exquisita elegancia y humor inteligente. Es, más bien, una capacidad singular para observar cómo nos comportamos, qué sentimos, cuáles son nuestros miedos, deseos y fantasías. O, mejor todavía, es la virtud de decir mucho con muy poco. Aunque lo que le gusta es hablar a través de su obra, es un placer escucharla y leerla. Veréis por qué enseguida.

1. ¿Qué dicen de ti tus ilustraciones?

En cuanto a la gráfica, probablemente que soy una maniática -mucha gente cree que las ilustraciones son vectoriales, pero están hechas a pulso con pincel, aunque digital-, que puedo tener un problema de daltonismo -que no es el caso- por el uso de colores saturados y que no me ando por las ramas o que soy vaga, porque sólo hago uso de los elementos estrictamente necesarios para contar lo que quiero contar. En cuanto al contenido, necesitaría psicoanalizarlo, lo que lleva tiempo y algún que otro trastorno. En ello estoy.

2. ¿Cómo y cuándo decides dedicarte a la ilustración?

Siempre he dibujado. En el colegio me recreaba más haciendo las portadas de los trabajos que en los trabajos en sí. Y en el instituto, en lugar de hacer los trabajos que debía, me dedicaba a dibujar. Así que imagino que llegué a la ilustración de forma natural. Aunque cuando empecé a estudiar ilustración, diría que tardé todo un curso en entender de qué iba, que no se trataba simplemente de hacer dibujos más o menos bonitos, si no de que era una forma de comunicación. Como soy una persona parca en palabras, me sentí muy cómoda utilizando la ilustración como lenguaje y como vía de escape.

3. Parecería que en todas tus ilustraciones el concepto sea la clave. ¿Dedicas mucho tiempo a pensar antes de coger el lápiz? ¿Cómo describirías tu proceso de trabajo?

De hecho, cuando tengo la idea, creo que ya tengo la ilustración y lo único que me falta es hacerla. Normalmente cojo el lápiz para pensar y voy dibujando lo que se me va ocurriendo aunque sean malas ideas con la esperanza de que una de ellas abra la vía a algo mejor. Es la parte del proceso en la que dedico más tiempo. Desafortunadamente, no visualizo rápidamente una imagen tras pensar en el tema. Tengo que dar bastantes vueltas antes de llegar a algo. Y el momento que me parece más difícil del proceso es escoger o reconocer lo que mejor funciona entre los bocetos.

Portada para la revista The New Yorker

4. La manera cómo creas tus personajes, la riqueza y expresividad que tienen con tan pocos trazos y la capacidad para encontrar el gesto exacto parece insinuar que dedicas muchas horas a mirarnos con una libreta en mano. ¿Es eso cierto?

Lo hago menos de lo que me gustaría, pero sí, soy una voyeur. Me lo paso muy bien observando a la gente. Me gusta mucho sentarme en alguna terraza con el cuaderno en mano. No soy de dibujar rápidamente lo que veo sino de escrutar, y una vez retengo algo que me interesa lo dibujo. Para mí los cuadernos son una mezcla de diario, laboratorio y álbum de fotos. Como soy nefasta para la fotografía, en lugar de cargar con una cámara de fotos, cargo con un cuaderno en el bolso. Y si tengo que hacerme con un bolso nuevo, escojo el que tenga la medida adecuada para llevar el cuaderno.

5. Sabemos que estuviste un tiempo en Nueva York y, desde entonces, trabajas habitualmente para The New Yorker, The New York Times, Washington Post y The Wall Street Journal, entre otros. ¿Qué destacarías de la relación con estos grandes periódicos? ¿Qué crees que podríamos aprender de los americanos en relación al mundo de la ilustración? ¿Y al revés?

El funcionamiento es muy distinto. De entrada, en el mercado norteamericano la ilustración está más aceptada culturalmente y se toma más en serio. No se vincula a lo infantil como sucede aquí con connotaciones peyorativas. Por eso allí hay un mayor respeto hacia los ilustradores. Y en lo funcional, la figura del director de arte tiene un papel importante y decisivo en el proceso de trabajo. Como consecuencia, el ilustrador puede tener menos libertad. Pero en mi opinión, un director de arte capacitado para ello, es indispensable. Lo que más me sorprendió al empezar a trabajar en el mercado norteamericano es que muchos de ellos eran ilustradores. Es una opción completamente lógica para un ilustrador; pero aquí raras veces se ve y sospecho que tiene que ver con el valor que se le da a la profesión.
Sin embargo creo que en los EEUU tienden a confundir la necesidad de llegar a un público muy amplio con la facilidad y la ausencia de sutileza. Además, allí la línea de lo políticamente correcto es más estricta. Aunque esto puede variar según el medio.

Bull Riding at Madison Square Garden, ilustración para The New Yorker

6. Por desgracia (o por otros motivos menos abstractos), cuando buscas artistas de referencia, la mayoría son hombres. Puede que hasta sea más complicado en el ámbito específico de la ilustración, ¿te parece? ¿Nos recomiendas algunas ilustradoras a las que sigues?

Creo que esto no pasa en el ámbito de la ilustración, hay muchas ilustradoras de referencia. Muchas están más vinculadas con la ilustración infantil, pero es uno de los campos de más peso de la profesión. Entre las ilustradoras que siento más afines están Meritxell Durán y, cruzando la frontera, Rutu Modan, Luba Lukova, Anna Sommer, Ruth Gwilly o Maira Kalman.

7. De tus colaboraciones con el grupo de investigación Cuerpo y Textualidad, destacan las portadas y el diseño de todas sus colecciones. ¿Es esto de dar la imagen a un libro y crear una imagen a partir de un título un trabajo especialmente difícil?

Cada modalidad –ilustración de prensa, cartel, ilustración de libro, etc.– tiene sus diferencias, pero no encuentro que una sea más difícil que otra. La dificultad puede estar en los temas, que unos pueden dar más juego que otros. En el caso del las portadas de los libros de Cuerpo y Textualidad me siento más suelta trabajando por la libertad y confianza que me dan. Y esto más bien facilita el trabajo.

Portada para la colección Textos del Cuerpo de Cuerpo y Textualidad

Cartel del congreso Generar Cuerpos

8. Desde tu Kamasutra (Artichoque, 2006), que es una joya, hasta ahora, has realizado cada vez más proyectos relacionados con la ilustración erótica, como La cama de Pandora (El Mundo, 2010) y Porno para mujeres (Melusina, 2008). ¿Te gusta especialmente este terreno? ¿Te permite ser más irónica y sofisticada que en otros ámbitos?

Hacer el Kamasutra me sirvió para desnudarme sin pudor, dicho sea metafóricamente, lo que al principio no me fue fácil. Descubrí que era un tema que me daba mucho juego y me divertía, y siendo un tema que de por sí cruza la frontera de lo políticamente correcto, me ha permitido ser más descarada. Pero no es que tenga una especial predilección por la ilustración erótica, aunque sí la tengo por las relaciones amorosas, los roles de pareja, la seducción, y en general, el comportamiento humano o sus miserias. Pero como me encuentro con que todo esto encaja difícilmente en los encargos, acabo desarrollándolo en los proyectos personales.

9. ¿Cómo es tu relación con el mundo de la publicidad? ¿Supone, a veces, tener que superar contradicciones?

Durante bastantes años trabajé sobre todo para publicidad y es un terreno en el que me siento cómoda. Tanto en la publicidad, como en otros campos, mi intención es no infravalorar al público y me gusta pensar que lo logro. No pretendo engañar o vender falsa felicidad, ni dar un mensaje que contradiga mi opinión. Aunque tengo límites, si fuera por ideología, no ilustraría ni algunos libros infantiles.

10. ¿Qué pregunta no te hemos hecho y sin embargo te gustaría responder?

De hecho, lo que me gusta es que no me hayáis hecho una pregunta en concreto, que es qué me inspira o de dónde sale la inspiración. Tanto misticismo me hubiera dejado en blanco, porque no tengo ninguna inspiración divina, gracias a Dios.

Foto Luci Gutiérrez: Isolda Delgado
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