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En un momento en el que el mundo se ha vuelto frenéticamente loco y parece que cada día más todo se enfoca hacia la cultura de los centros comerciales, las megatiendas multimarca o las grandes corporaciones, hay quienes reivindican su trabajo de autor y logran saciar las necesidades de aquellos que añoramos el trabajo hecho de cerca, con dedicación y cariño.

Queremos presentaros a Oscar H Grand, sastre de profesión y dueño de una recóndita tienda en el barrio del Borne de Barcelona, donde uno puede esconderse del ruido de la urbe, elegir hasta el último detalle del traje o prenda que desee y darse el goce de que Oscar se lo confeccione medida a medida, paso a paso, con el tiempo estrictamente necesario. Y salir luego con el deleite de llevar esa prenda sabiendo que sí, que te sienta como un guante.

1. Cuéntanos: ¿sastre a secas? Por el estilo de tus prendas tiene que haber algo más…

Creo que la adaptación a la demanda a través de la experiencia y el gusto por hacer prendas artesanales me ha hecho darle otro sentido a lo que se acostumbra a encontrar en un diseñador. En este punto, me he acercado a lo que se conoce como el oficio de sastre, aunque no soy un sastre puro; realizo más bien un  trabajo híbrido entre la ropa de diseño o de tendencia y la confección a medida, más especial, adaptada a cada cliente, sin importar edad o estilo.

2. ¿Qué buscan tus clientes al entrar en tu taller?

Los clientes buscan, en unos casos, trajes adaptados a sus exigencias que, por la razón que sea, no encuentran hechos industrialmente. También se pueden dejar llevar por el placer de comprar algo rápido, impulsivamente, algo con lo que se han sentido bien y piensan que es lo suficientemente diferente como para comprarlo. Otros entran en el rol también de creadores de sus propias piezas: piden la elaboración de las prendas con sus propios detalles para llevar así la ropa que más se acerca a su personalidad. Por supuesto, hay muchos más casos en los que el cliente piensa a la hora de comprar, pero sería bastante largo de completar la respuesta.

3. ¿Cómo son tus clientes? ¿Suelen seguir un patrón o es un público de lo más variado? ¿Has notado cambios en los últimos años?

Respecto a la edad, por supuesto hay una franja de edad común en mis clientes: de 35 a 45 años, pero tengo de los 20 hasta los 75. Suelen ser clientes bastante sobrios, unos pueden ser más modernos y en consonancia con las tendencias y otros más clásicos…

4. ¿Qué cuenta la ropa acerca de la personalidad de cada uno? Y, más personalmente, ¿cómo vas vestido hoy y qué crees que tu ropa ropa dice de ti?

Creo que la ropa, más que contar algo sobre una sola persona, habla sobre una época y unas tendencias, si lo miramos de manera general. Todos estamos influenciados por lo que vemos a nuestro alrededor, y vestimos respecto a este sentido de contemporaneidad. Es difícil realmente saber si nuestra ropa habla plenamente sobre nuestro carácter: hay demasiados filtros sociales por los que pasamos todos. En mi caso, visto con mi propia ropa, la que hago para la tienda, para los demás, y me siento a gusto. Esto es suficiente para mí, ya que la idea de sobriedad y estética masculina la puedo reflejar en lo que hago y además vivirlo, vistiéndola.

5. ¿Qué es lo que te resulta más gratificante de tu trabajo?

La absoluta libertad para trabajar con mis propias ideas y ritmos.

6. A pesar de que tienes ropa que muchas mujeres desearían poder llevar, no confeccionas ropa a medida para ellas… ¿Por qué? ¿No te lo piden a menudo? ¿No piensas hacerlo?

No tiene sentido crear para mujer cuando en el sector masculino hay tanto por hacer.

7. Una de las cualidades de tus prendas son los detalles, ¿nos puedes explicar cuál es el proceso de creación de una prenda desde que llega el cliente hasta que se la entregas?

En mi caso controlo todo el proceso: desde la elección de los tejidos hasta el pago de los impuestos en el banco. Todo, todo pasa por mis manos. Tengo varios cosedores, eso sí , pero estoy en sus talleres, hablamos sobre cómo realizar una prenda de la mejor manera posible y acaba siendo un producto muy artesanal. Los trajes están hechos totalmente a mano y son de calidad, lo cual hoy en día es realmente difícil de encontrar. Se elige el tejido, se toma medidas al cliente, se seleccionan los detalles, se corta la prenda, se prueba, se desmonta, se realizan las correcciones, se entrega al piecero, se monta, se vuelve a probar al cliente y, si está todo correcto, se entrega. Éste es el proceso con una sola prueba.

Foto: Isolda Delgado

8. Al tiempo que los viejos artesanos desaparecen, una generación de jóvenes artesanos va en aumento… ¿A qué crees que es debido?

Pues me imagino que surge de manera natural; nacen pequeñas empresas con gente joven ilusionada que realiza un producto basado en una manera de trabajar artesana e independiente y que, sobretodo, permite tener un control absoluto en el proceso y en el producto final, siendo muy personal y exclusivo. Es algo que hoy en día, si se tiene la suerte de que se valore por una cantidad importante de público, puede funcionar perfectamente.

9. ¿No crees que la gente anda necesitada de un poco de individualidad? ¿Nos hemos hartado de seguir un mismo patrón o es que añoramos las cosas hechas con mimo?

Siempre hay un sector de personas que buscan y se pueden permitir ese producto joven, artesano, personal, exclusivo, que marca la diferencia de todo lo industrial y masivo. Claro que necesitamos cosas hechas de esta manera, es más humano, creo. Se trata a la gente de manera más personal y hay un contacto amigable con el cliente que éste valora mucho en estos tiempos.

10. ¿Sientes que las grandes marcas que tienen ropa a precios muy bajos son una competencia? ¿Cómo te posicionas ante esto?

Indudablemente, desde hace unos años, la producción masiva en países extranjeros ha hecho que el coste baje mucho para grandes marcas, que pueden ofrecer precios muy bajos. Eso hace por supuesto que el consumo mayoritario se centre en este sector y, en cierta medida, claro que afecta a todos los pequeños creadores, porque encuentran costes muy elevados para realizar sus pequeñas colecciones. Ahora bien, si se logra un equilibrio entre la calidad, la originalidad, el precio, etc., es posible desmarcarse y que ese mundo de la confección industrial no afecte tanto y se pueda vivir de ello, como es mi caso.

Por otro lado, mi posición ante este fenómeno es imparcial, lo mismo que para la existencia de marcas de lujo: hay mercado para todos, me imagino. Que  cada cual elija lo que prefiera y se pueda permitir.

 

www.oscarhgrand.es